«Sin perder calidad» hay que matizarlo
Comprimir un PDF escaneado consiste en volver a guardar sus imágenes con menos información. Reducir el peso a la mitad sin tocar un solo píxel no existe: lo que sí existe es bajar el peso sin que la pérdida se note en el uso que vas a darle al documento.
La clave es la resolución. Un escaneo doméstico suele guardarse a 300 ppp, una densidad pensada para imprimir. Si el documento se va a leer en pantalla o a enviar por correo, 144 ppp se ven igual de nítidos y ocupan una fracción. Ahí está el ahorro que no se percibe.
Tú decides el punto exacto
Tienes tres niveles —96, 144 y 200 ppp— y un deslizador de detalle para afinar. Al terminar ves el tamaño final y el porcentaje ahorrado frente al original, así que puedes abrir el resultado, mirarlo y repetir con otro ajuste si te has pasado. Nada se aplica al archivo de tu disco: el original sigue intacto.
La letra pequeña, dicha en voz alta
Si tu PDF es de texto nativo —exportado desde Word, por ejemplo—, comprimirlo lo convierte en imágenes: perderás el texto seleccionable y el archivo puede incluso crecer. La herramienta analiza el documento y te avisa antes de exportar en lugar de rasterizarlo en silencio. Para esos casos, lo que ahorra peso de verdad es revisar las imágenes antes de generar el PDF de origen.
El documento descargado no lleva marca de agua ni ningún elemento añadido.